Martes, diciembre 18

¿Qué le falta al emprendedor mexicano para despegar?

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Los países latinoamericanos se han convertido en un espacio de cultivo para nuevos negocios liderados por jóvenes y conforman la segunda región más emprendedora del mundo.

En la actualidad, los emprendedores latinoamericanos no surgen únicamente de ambientes económicamente pudientes. Los países latinoamericanos se han convertido en un espacio de cultivo para nuevos negocios liderados por jóvenes y conforman lasegunda región más emprendedora del mundo. Según el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), casi dos de cada tres emprendedores latinoamericanos que empiezan un negocio no lo hacen por necesidad, sino por oportunidad.

Mientras el emprendimiento está en pleno auge, la innovación continúa siendo la gran desconocida para los nuevos propietarios de empresas tanto en México como en el resto de América Latina. Se sabe que las empresas innovadoras juegan un papel vital a la hora de determinar qué tan dinámica será la innovación de un país. Sin embargo, las tendencias muestran que la falta de innovación afecta directamente al crecimiento económico.

Los miembros de la OCDE dedican una media de 2.4 % de su PIB en investigación y desarrollo, mientras que, en Chile y México, los únicos dos países latinoamericanos que forman parte de la OCDE, la tasa es de tan solo 0.4 %. En otros países de la región, todavía es menor. Esto resulta en un importante rezago en innovación. La región concentra 8 % de la población mundial, y, sin embargo, en 2010, sólo 2.6 % de las solicitudes para patentes en el mundo provenían de América Latina y el Caribe.

La falta de innovación limita el papel de las nuevas empresas en el mercado global. Sólo 7.8 % de las microempresas latinoamericanas están presentes en el mercado global, siendo Estados Unidos el segmento de mercado más importante, destino del 60 % del total de exportaciones.

Otro rasgo distintivo de América Latina es la divergencia entre sus culturas emprendedoras. Según una encuesta del GEM, las variables culturales, junto con la tasa de actividad emprendedora, distinguen claramente a los países en desarrollo de los desarrollados.

En América Latina, los resultados revelan la existencia de dos grupos de países. En primer lugar, Bolivia, Perú y Venezuela tienen tasas más altas de emprendimiento y, al mismo tiempo, una mayor prevalencia de algunos valores culturales (en particular, el llamado ‘embeddedness’, que refiere al grado en que la economía se ve limitada por instituciones no económicas, pero también la jerarquía).

Por el contrario, el grupo formado por Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica y Méxicose caracteriza por la presencia de valores culturales opuestos (autonomía e igualitarismo, la creencia en la igualdad humana, especialmente en los asuntos sociales, políticos y económicos), más en línea con los países desarrollados.

La brecha de productividad en México

En el caso particular de México, en 2014, 97,6 % de las empresas eran microempresas. Dado que representan 75,4 % del total de empleados, son un factor importante y relevante de la dinámica económica del país, contribuyen al desarrollo económico y social de México y desempeñan un papel fundamental en el aumento de la productividad y el empleo, así como en la reducción de la pobreza. A pesar de su importancia económica y social, las microempresas mexicanas presentan problemas de baja productividad.

De acuerdo con los resultados de Enaproce, entre los muchos factores que explican la baja productividad de las microempresas se encuentran:

  • Limitaciones al acceso al capital físico y financiero (incluido el capital de riesgo)
  • Escasez de capital humano
  • Limitaciones en la implementación de técnicas y tecnologías para procesos productivos, servicios y comercialización
  • Condiciones macroeconómicas y entornos empresariales desfavorables
  • Falta de capacidad de innovación y desarrollo tecnológico
  • Falta de infraestructura y servicios para facilitar la producción.

La mejora de la productividad de las micro, pequeñas y medianas empresas ha sido uno de los mayores esfuerzos realizados por el Gobierno de México. En 2013, el Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem) fue creado para “constituir el corazón de la actividad económica de la nación y convertirse en uno de sus mayores activos”.

En 2016, la OCDE reconoció a México como el país que más ha progresado en la promoción de nuevas empresas entre 2012 y 2016. Además de los programas de Inadem, México también ha mejorado la inclusión financiera de las nuevas empresas, y el capital de riesgo ha despegado en el país, que ahora tiene la segunda industria más activa en América Latina, detrás de Brasil.

México asimismo ha reformado la normativa para facilitar la creación de empresas, siendo la Ley de Sociedades que contempla la creación de sociedades exprés, un ejemplo notable. También ha modernizado los servicios para emprendedores mediante el lanzamiento de redes de tutoría y espacios de trabajo colectivos. Por último, el país ha invertido en promover una cultura empresarial en el país y crear una imagen de México como lugar de emprendimiento con impacto global.

Por último, el desarrollo de políticas públicas encaminadas a la creación de nuevas empresas es un factor clave para el desarrollo del emprendimiento en México y en la región de América Latina y el Caribe. La OCDE establece que las políticas públicas relacionadas con la ciencia, la tecnología y la innovación, la educación, el desarrollo de la producción y la infraestructura física y digital son necesarias para mejorar el ecosistema empresarial innovador en la región. Dichas políticas directas de apoyo a las nuevas empresas reducen las principales barreras que obstaculizan la creación y el crecimiento de nuevas empresas. Estas políticas también benefician a las instituciones intermediarias, las universidades y las partes interesadas en el sistema financiero.

 

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