jueves, marzo 7

México: La política, el futbol y los negocios

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Las ganancias millonarias de quienes manejan este deporte en el país no salen de los bolsillos de un Carlos Slim, los millones salen de la bolsa de millones de aficionados al futbol.

En cada copa del mundo México repite el mismo sueño: que nuestra selección de futbol se convierta en la campeona del mundo. Ganarle a la selección alemana por supuesto no fue un milagro, sino, más bien, la ley de las probabilidades.

Es como, por ejemplo, cuando se compra un boleto de lotería: son más o menos una entre 16 millones de posibilidades de hacernos ricos. Si se le ganó a Alemania y a Corea, Suecia se encargó de regresarnos a la realidad, ese es nuestro nivel mundialista.

Como paradoja, nuestra selección le sirve mucho a la clase política: en ocasiones la utilizan como promotora del voto, en otras la quieren convertir en el ombligo del nacionalismo revolucionario. Los partidos políticos, sus candidatas y candidatos se apoderan de las plazas y los espacios públicos, invitando a los ciudadanos a ver en una pantalla de televisión gigante cuando juegan “los ratones verdes”, y más si se presenta un acontecimiento como el de Rusia. Y claro, los colores partidistas están a la orden del día y con una mirada de ternura les dicen a los asistentes: la selección es México, México es la selección, y nosotros los directores técnicos. Se ha filtrado que en los cuartos de guerra de Meade y Anaya cuando México venció a Alemania, encontraron la fórmula para ganarle a Andrés Manuel. Los muchachos, comandados por el “genio” colombiano Carlos Osorio, echaron las campanas a vuelo, les habían hecho el trabajo lo que no pudieron con la guerra sucia en contra de Andrés Manuel, la selección mexicana dejó al país embrujado y así este acudiría a votar.

Parafraseando a José Alfredo Jiménez: pa’ mi Alemania es un sueño y la derrota ante Suecia el despertar. Sin temor a equivocarnos, en México el futbol es uno de los mejores negocios. Tenemos dos torneos al año: el de invierno y el de verano. Por cierto, los que manejan este negocio ya están pensando que sean cuatro torneos: primavera, verano, otoño e invierno. Cuenta con estructuras para ello: estadios, televisión, radio, empresas cerveceras, la Federación Mexicana de Futbol, la FIFA y, por si esto fuera poco, Carlos Slim compró para transmitir a muchos países del mundo los derechos de televisión mundial en algo así como más de mil 500 millones de dólares. Pero, por supuesto, de estos miles de millones de dólares a la selección mexicana casi no le toca nada ¿y sabe por qué? Los que reparten el pastel son los que manejan todo lo que tiene que ver con el futbol en México. Si gana la selección mexicana la convierten en dioses del olimpo y si pierden, son los responsables del fracaso del futbol mexicano.

Las ganancias millonarias de quienes manejan este deporte en el país no salen de los bolsillos de un Carlos Slim, los millones salen de la bolsa de millones de aficionados al futbol. México tiene una de las aficiones más leales del mundo, sin importarles que haya corrupción, empezando por los escándalos de sobornos a los más altos dirigentes de la FIFA. Y ya encarrerado el gato, los futbolistas mexicanos no tienen derechos laborales, no les permiten formar un sindicato, al final de cada torneo son vendidos o comprados por los dueños de los equipos en contra de su voluntad. La Federación Mexicana de Futbol no le rinde cuentas a nadie. Es un estado dentro de otro estado. Pero no tiene la culpa el indio. Por lo pronto, sigamos consumiendo lo que la clase política nos da: futbol y circo. A ver hasta dónde nos dura el sueño del mundial.

Fuente: https://www.elsoldedurango.com.mx/columna/mexico-la-politica-el-futbol-y-los-negocios
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